martes, 6 de octubre de 2015

OVNI MEDUSA EN HOLANDA !ENTÉRATE¡



Un bloguero de Holanda quedó casi petrificado cuando estaba mirando el cielo y observó de pronto un extraño objeto que parecía ser un OVNI... de color verde. 

Harry Perton, que es fanático a estudiar los fenómenos de la naturaleza, grababa una tormenta en Groningen cuando captó un "platillo volador", en forma de medusa, que emitía un flash de luz verde. 


El estudioso se dio cuenta de lo que había fotografiado cuando revisó las imágenes de su trabajo. 

"Yo vi desde mi ventana el cielo inquietantemente hermoso y esperé a que la lluvia calmara antes de salir", dijo en su blog. 

Perton pensó que su cámara tenía algún error o desperfecto producto de la lluvia, pero grande fue la sorpresa que encontró. 

"Decidí que debe haber sido un ataque de los rayos - pero de vuelta en casa vi algo extraño en una de las fotos que tomé - lo que parecía un OVNI", expresó. 

Las imágenes fueron publicadas en Internet y ha generado debate. ¿Es o no un OVNI? 

"En lo personal, aunque no soy un creyente UFO, quizá fue un fenómeno meteorológico", comentó. 

Las reacciones no se hicieron esperar, y hubo uno que otro lector de blog de Harry Perton que intentó hallar una explicación convincente. 

"Creo que tiene que ver con la presión del aire y la variedad de condiciones climáticas y que ayer (el pasado 19 de mayo) claramente ha sido el caso aquí, porque el sol brillaba ya a 100 km de distancia. El resultado es esta apariencia. Puedo decir con la mejor voluntad que no veo ningún OVNI en el cielo de cielo de Holanda", expresó Richard Grass. 

Otro cibernauta cree que el OVNI es en realidad una descarga eléctrica. "Hace algunos años trabajé en Schiphol y allí una vez un rayo golpeó el casco de un avión que aterrizaba. Esa descarga parecía la misma que muestra la imagen de este blog. Cuando el avión absorbió el rayo, se tornó de color de verde", dijo una persona identificada como Sandro. 
Fuente: el popular.pe

RUSIA ATACO AL ISIS EN LA HISTORICA PALMIRA



La aviación rusa bombardeó por primera vez posiciones del grupo yihadista Estado Islámico (ISIS) en la ciudad siria de Palmira y sus alrededores. Ayer se difundió la información que los islamistas seguían con la destruccióin de esta arqueológica ciudad y que habían volado por los aires el Arco del Triunfo, de más de 2.000 años de antigüedad.


Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), los rusos realizaron unos 30 bombardeos sobre Palmira la noche del lunes, que dejaron al menos 15 muertos entre las filas yihadistas.

"En coordinación con la aviación siria, la aviación rusa atacó posiciones controladas por el ISIS en Palmira y sus alrededores", indicó la televisión siria, citando a una fuente militar. "Unos veinte vehículos blindados fueron destruidos, al igual que tres depósitos de municiones y tres lanzadores de cohetes", añadió.

De acuerdo al OSDH, entre los ataques lanzados el lunes por la aviación rusa, cuatro fueron contra Raqqa, principal feudo del ISIS en el noreste del país, en donde murieron cuatro yihadistas.

Rusia entró el 30 de septiembre en el conflicto en Siria, en apoyo al régimen de Bashar al Assad, su aliado, que ha perdido el control de dos tercios de su país desde el inicio de la guerra en marzo de 2011.

Los yihadistas arrebataron a las fuerzas del Gobierno de Damasco el control de Palmira el 20 de mayo pasado. Desde entonces, ha estado dinamitando tesoros arqueológicos de la poblacióncomo el templo de Baal o tres emblemáticas torres funerarias.



Palmira fue en los siglos I y II d.C. uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo y punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda, que atravesaban el árido desierto del centro de Siria. 

Los extremistas suníes imponen una violenta interpretación de la ley islámica en los territorios que controlan, asegurando que estos lugares antiguos promueven la idolatría y justifican su destrucción como parte de su purga al paganismo. Sin embargo, se cree que venden antigüedades saqueadas, lo que les aporta importantes cantidades de dinero en efectivo.

La UNESCO, la Agencia de Naciones Unidas encargada del patrimonio, calificó la destrucción de “crimen intolerable contra la civilización”.

Antes del inicio de la guerra en Siria en marzo de 2011, la ciudad antigua de Palmira, nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, era una de las principales atracciones turísticas de Oriente Medio.

ENCUENTRAN RESTOS DE MAMUT DE MAS DE 15.000 AÑOS



James Bristle trabajaba en un campo de soja de su propiedad con un amigo en el sur de Michigan cuando desenterraron lo que parecía el poste de una cerca doblado y cubierto de barro. El objeto no era eso, sino parte de la pelvis de un antiguo mamut lanudo que vivió hace unos 15.000 años.

Un equipo de paloentólogos de la Universidad de Michigan desenterró esta semana en la localidad de Lima Township los restos del animal y logró recuperar el 20% del esqueleto del mamut, incluyendo la calavera, los dos grandes colmillos, numerosas vértebras, la pelvis y los omoplatos.



Junto al mamut se descubrieron "excelentes pruebas de actividad humana", según explicó el paleontólogo Daniel Fisher. "Creemos que en este lugar hubo humanos que descuartizaron y almacenaron la carne para poder venir a recogerla posteriormente", aseguró Fisher, director de Museo de Paleontología de la Universidad de Michigan.


Los mamuts y los mastodontes (otro tipo de criatura prehistórica de la familia de los elefantes) vagaron por Norteamérica antes de su extinción hace 11.700 años. El equipo de Fisher encontró también tres rocas del tamaño de una pelota de baloncesto que podrían haber servido para anclar la carcasa. Los investigadores también han encontrado una pequeña piedra que pudo haber servido para cortar la piel y la carne del animal.



La fecha en la que los humanos llegaron a América no está clara y es motivo de un animado debate entre los arqueólogos. El hallazgo en la región de Ann Arbour, si se confirma la presencia de humanos junto al mamut, podría ayudar a establecer la fecha de la llegada de los humanos al sureste de Michigan.
FUENTE: www.clarin.com

ENCUENTRAN UN FARO QUE POSEE COSAS EXTRAÑAS , DONDE SUCEDEN COSAS INEXPLICABLES




En la inmensidad de la Patagonia, ellos vivirán dentro de una luciérnaga. Veinte días dura la misión, que consiste en lograr cada noche, con la luz de una bombilla de 100 watts, dar una señal que atraviese la distancia de múltiples horizontes de los que la vista humana es capaz de ver desde la orilla del mar.
Es una prueba de supervivencia: sobre ese peñón no hay agua potable, ni tendido eléctrico, ni señal de celular, ni wifi, igual que hace medio milenio, cuando lo avistó el navegante portugués Hernando de Magallanes, el adelantado.



El faro de Cabo Blanco es uno de los más aislados de la Argentina. Está al final del golfo San Jorge, en la provincia de Santa Cruz, allí donde la silueta del país parece darle un rodillazo al Océano Atlántico. Y queda en línea recta a sólo 535 kilómetros de las islas Malvinas.

Tan al sur ilumina que casi no comparte latitud con nada, apenas con un pedacito de Chile y la línea donde termina Nueva Zelanda. Su mapa es símbolo de confín, al punto que aparece bajo el compás de un capitán aventurero en la película La ballena, sobre los hechos que inspiraron la novela Moby Dick.










No es el Faro del Fin del Mundo que inspiró a Julio Verne, ni el que fotografían turistas de catamarán sobre el Canal Beagle: el faro de Cabo Blanco está aún más solo, a dos horas de camino pantanoso de la ciudad de Puerto Deseado y aferrado al continente por un istmo de arena y piedra de 800 metros. Cuando los hielos se derritan y crezca el nivel del mar, Cabo Blanco será una isla. O ya nada.




El faro se empezó a construir en 1915 y ese año se encargó a Francia su linterna inaugural. Pero el desarrollo de la Primera Guerra Mundial hizo que los envíos se retrasaran y que los síntomas de aislamiento se empezaran a notar. Puede decirse que el faro de Cabo Blanco cumple ahora cien años de soledad.



El objetivo de abastecerlo de energía solar y mantenerlo operativo durante las tormentas de viento o nieve está a cargo de dos hombres del Servicio de Hidrografía Naval, que en las tres semanas que lo cuidan protagonizan momentos singulares, entre ronquidos de lobos marinos y el vuelo de cormoranes.

Es una experiencia extrema, que dos enviados de Viva comparten desde el minuto cero.

Cambio de guardia. Es bruma lo que hace ver el contorno del cabo principal Lucas Sanagua como una sombra espectral. Su esposa le acaba de acercar la caña de pescar al Apostadero Naval de Puerto Deseado, donde se prepara para la partida. Es que si los víveres que lleva al faro se le acaban, tendrá que arrimarse al collar de espuma blanca que dibuja el mar y lanzar la línea salvadora.




Lucas tiene 36 años y está por cumplir los mil días en distintos faros: es su guardia número 50, de 20 días cada una. Estuvo en los de Quequén, Punta Mogotes, Querandí, Río Negro, San Jorge y éste, al que considera “el más solitario e inhóspito”. Lucas parece un protagonista de la película Días de pesca, de Carlos Sorín, filmada en Deseado, sobre un hombre que viaja al sur para enfrentar a su propia soledad.



Lo ayuda a cargar el remolque Cristian Ubeda, un cabo segundo de 24 años que lleva un telescopio, quizá para constatar si algún otro joven de su edad, en las costas de algún mar aún no descubierto, cuida del faro universal.

Salen a las 8 en una camioneta de doble tracción, que toma la ruta nacional 281 y dobla hacia la derecha, por la ruta provincial 14. Ya no es bruma lo que flota en el ambiente, es niebla total. El ripio rebota contra la protección de alambre que cubre el parabrisas, hasta que se acaba. Ya no es ripio lo que sustenta el camino, es arcilla blanda, que la garúa moja y convierte en pantano.


Queda más de una hora de camino. Hay que atravesar pequeñas lagunas, guardaganados, tramos carentes de señal. No hay nadie a la vista. El huellón engaña, luce firme, invita a pasar, pero es una ciénaga. La camioneta colea, por momentos navega. Empieza a aclarar. Un hueco en la humedad condensada del aire permite ver la huida de una manada de guanacos. Una encrucijada sugiere doblar otra vez a la derecha, por la ruta provincial 91.

Un cartel avisa: “El ripio, el hielo y la nieve son peligrosos”. Pero los cañadones verdes indican que ya se está cerca. Un giro, un volantazo en zigzag, una curva como la de Ascari y ahí se ve el faro. Ahí está, en la frontera de la Argentina con el resto del mundo, quizá hasta de la Atlántida, seguro de tiempos color sepia en los que pasaban corsarios, cazadores de ballenas, Charles Darwin y Robert Fitz Roy.

La vieja guardia espera sobre el peñón. Saludan entusiasmados, están a punto de volver a casa. Uno alza los brazos como Rocky al hacer cumbre en las escaleras del Museo de Arte de Filadelfia. El otro aceita un malacate que será clave para la operación de bajar la basura acumulada y subir los víveres y equipaje de los dos que se van a quedar.



Con un alambre-carril inclinado 36 grados, una canasta de acero y la camioneta que avanza para hacer fuerza y vuelve marcha atrás, suben valijas, tubos de gas, bidones de agua, baterías, combustible para dos generadores de emergencia, comida de cuatro changuitos. Todo supervisado por Benito, el perro callejero que no ha visto una calle en su vida, más rápido que las liebres, porque las caza, y luchador de igual a igual contra los zorros colorados.
Falta el agua que se necesita para el baño, el termotanque de uso racionado y la cocina. Como no hay napas, hay que ir a buscarla a una estancia, para llenar las tres cisternas que abastecen la casa.




Ahora sí: dos llegan y dos se van. Hay que subir 115 peldaños de cemento resbaladizo, una baranda imperfecta, una virgen, a los costados el mar. Cuando llegan los nuevos, los viejos les pasan las novedades: todo tranquilo, el faro anda, los navegantes se guiaron a la perfección, el banco de baterías está cargado, quedaron paquetes de fideos sin tocar.
Ya no hay bruma, tampoco niebla, pero el viento sopla y, de repente, los cuatro quedan envueltos en una nube. Y el faro es tragado por la tiniebla.



Leyendas de fantasmas. Dentro de la casa, hay una máquina de escribir Remington, una botella de whisky y una ventana al mar. Falta el espíritu de Hemingway para armar un relato de ficción magistral, una novela que traspase los límites de la realidad. Sobran, en cambio, narraciones increíbles sobre lo que pasa allí durante los segundos intermitentes en los que el faro descansa y manda la oscuridad.


Se dice que hay fantasmas que merodean, es especial el de un furriel, un administrativo que tuvo la Armada en la década del ‘50 y apareció agonizante junto al teclado. Su compañero en esa guardia fue a buscar ayuda y cuando volvió, ya no había nada que hacer. 
Recopiladores de historias, marinos y turistas perdidos afirman que la máquina escribe sola, que en la quietud de la noche se empiezan a accionar las teclas y que el alma en pena tiene algo que transmitir.










La Remington está entera, tiene su cinta negra entintada en posición y su rodillo con marcas de las últimas letras que alguna vez fueron elegidas. Durante la estadía de los enviados de Viva, no emitió sonidos, pero sí su leyenda.



El faro tiene a sus pies un cementerio con ocho cruces sin nombre, que nadie visita ni adorna con flores. Una de las tumbas está acorralada por barrotes de acero, como si fuera la cuna de un bebé. Fuera del perímetro de piedras blancas hay una cruz más, desterrada del conjunto, al cobijo de unas rocas.
Fotos antiguas muestran que el camposanto estuvo en peores condiciones, hasta que los serenos del faro lo arreglaron, lo pintaron a y apuntalaron las maderas que recuerdan la crucifixión. Hoy, igual, una apareció tumbada.




No hay placas, ni fechas, ni fotos de los que allí descansan. Pero sí respeto, porque han ocurrido cosas extrañas. Cuentan que un pescador, atascado en el barro, subió los escalones del peñón para agradecer la ayuda de un hombre que acababa de entrar a la casa.
–¿De qué hombre habla? –le preguntó el suboficial a cargo.
–Del que acaba de entrar, el señor de bigotes, vestido de blanco –respondió.
–Es que acá no hay nadie más que yo…
Y no había nadie más. O tal vez sí.

Un hombre de bigotes cuidó del faro un siglo atrás, cuando iluminaba con mecheros, pequeña hoguera que imitaba la técnica del Faro de Alejandría. Y un hombre de bigotes suele asomarse por las ventanas, dicen los relatos, antes de esfumarse.

Una novela de misterio, Dónde enterré a Fabiana Orquera, de Cristian Perfumo, fue situada en esta zona.
Hace dos años, se constituyó en la base el Club Cabo Blanco Pesca y Rugby Club, una iniciativa para recordar a los antiguos habitantes del lugar y soñar con el regreso de los descendientes. El acta constitutiva fue escrita a mano en el Libro de Visitas del faro y establece como rito, antes de los partidos, “guardar un minuto de silencio en memoria de los viejos pobladores y en honor de las almas que fueron enterradas en el cementerio de Cabo Blanco”. La cancha está justo al lado.


Torreros en acción. Los destellos del faro son una señal de primera importancia náutica. Orientan a los navegantes, como las estrellas, cuando los instrumentos modernos dejan de funcionar. “Nuestro objetivo número uno es mantenerlo activo, controlar los paneles fotovoltaicos y que las baterías carguen y mantengan su autonomía de 10 o 15 días.

Un amigo, capitán de un pesquero, tiene GPS en el barco y lo último en tecnología satelital de navegación, pero él siempre me dice que hasta que no ve el faro a su derecha, no regresa tranquilo a Puerto Deseado”, resalta Lucas Sanagua, ex jugador de las divisiones inferiores de Aldosivi de Mar del Plata, equipo conocido como El Tiburón.


Es hora de subir los 95 escalones interiores que tiene la torre, un viaje circular de la oscuridad hacia la luz. Lucas y Cristian quitan allí el salitre del lente óptico, con una gamuza y alcohol.


El cabo principal se mete dentro de esa armadura de vidrio para cambiar la lamparita, alemana, de doble filamento. Si se quema uno, el otro sigue funcionando. El ayudante mira desde afuera de la coraza transparente y lo que ve detrás de Lucas es el mar al revés, en el lugar donde, sin ese lente en el medio, tendría que verse el cielo. Es el efecto de visión invertida.




Cada dos días limpian el óptico, que se cubre de sal porque el viento destruyó siete de los 10 vidrios de la cúpula, ventanales cóncavos de una pulgada de espesor que faltan reponer. Hay bombillas en stock. Cuando se acaben, serán reemplazadas por lámparas LED.










En 15 minutos, el ojo del faro mira otra vez impecable las crestas blancas del Atlántico, que van hacia Malvinas y vuelven con desolación. Alto en la torre, los guardias se asoman un instante al balcón oxidado. Y más alto aún aparece trepado el fotógrafo, sostenido por un arnés y sus piernas en una antena abandonada de hierro. Entre los 115 escalones del peñón y los 95 adicionales del faro, están a 67 metros sobre el nivel del mar. Son personas en medio de la Patagonia, a merced del viento, con la sensación térmica bajo cero, flotando a la altura del Obelisco, en una escena que no hubiera imaginado ni la escritora Virginia Woolf.


Al bajar, una estufa prendida, chocolates y barritas de cereal restablecen los movimientos de las manos moradas. La casa es enorme, para 20 personas, pero la mayoría de las habitaciones están heladas y semivacías. En una sala hay mesa de ping pong; en otra, el juego del sapo. Hay una mesa larga para diez comensales, pero sólo suelen comer dos. Los otros ocho, en todo caso, son invisibles.


Hay un cuarto de herramientas, un baño en buenas condiciones, una sala de máquinas y un lugar para la cucha de Benito. También, un transmisor de frecuencias de radio utilizado en la guerra de 1982, tan antiguo que parece parte del tablero de comandos de la serie El túnel del tiempo. En un armario se guardan libros de espías y novelas policiales. La clave está en Rebecca, de Ken Follett, y El misterioso señor Brown, de Agatha Christie, son dos de los consultados.


Se ve allí un ajedrez, el juego que jugaban los dos fareros de la novela La piel fría, de Albert Sánchez Piñol, mientras temían ser devorados por bestias de la noche salidas del fondo del mar.



En los estantes queda un hueco para guardar la máquina de escribir. Es la habitación del furriel.
A la botella de whisky le queda un sorbo más breve que lo que resta de esta crónica, pero de eso no hay que echarle la culpa ni a los torreros ni a los fantasmas. De eso, doy fe.



Formas. Desde esta cima se ve el amanecer, el atardecer y miles de siluetas efímeras en la Tierra y en el cielo. Ahora son las nubes las que dibujan ejércitos de ovejas, castillos medievales, lluvias negras en el horizonte, nevadas blancas hacia el sur.

El faro se hace cómplice del Sol y marca la hora con su sombra. Entre las rocas puntiagudas se perfila el rostro de un indio, una lanza, estalactitas y lagunas. El guano de las aves pinta de blanco y bautiza el cabo. Cavernas de la costa muestran al navegante cejas y unicornios, varicelas suaves y agujeros de un queso gruyere.

Hasta el mar hace lo suyo, cuando se mete entre las piedras y busca un hueco para expulsar su chorro hacia arriba, como las ballenas. A ese lugar, las guías turísticas lo conocen como El Sifón.




Bajar por última vez del faro significa volver a meterse en la neblina. Faltan 39 escalones. En las paredes descascaradas, se dibuja una forma inesperada. Hay testigos. Es el rostro de un hombre. Con bigotes. 
FUENTE: www.clarin.com

¿LOS EXTRATERRESTRES SERIAN COMO NOSOTROS? EVIDENCIA FOTOGRÁFICA ENTÉRATE


Ha corrido mucha tinta sobre la existencia de vida en otros planetas, desde los más serios estudios científicos hasta las supersticiones más disparatadas. Ya sea causando terror, curiosidad o fascinación, los extraterrestres son un fantasma que intriga a grandes y pequeños por igual. 

Pero si hay mil maneras de representarlos hay una constante y es que, visualmente, hemos plasmado este misterio con formas no humanas. Desde Alien hasta E.T. pasando por el noventeroArchivos X y Hombres de negro, en general los aliens son descritos como seres de grandes cabezas alargadas y extraños cuerpos verdes, o energúmenos similares. 

Sin embargo, la semana pasada un importante paleontólogo evolucionista de la Universidad de Cambridge, el profesor Simon Conway Morris, publicó su libro Las Runas de la Evolución en donde afirma que si llegaran a existir los aliens y nos los encontráramos, estaríamos muy sorprendidos al ver lo mucho que se parecen a nosotros. 

Los astrónomos han descubierto ciertos planetas con características similares a las de la Tierra, y el profesor Conway Morris asegura que no es una quimera que extraterrestres parecidos a los seres humanos puedan aparecer en estos espacios. Y lo explica gracias a la teoría de la ‘evolución convergente’. 

En Las Runas de la Evolución expone esta teoría según la cual es posible que especies distintas evolucionen desarrollando rasgos semejantes. En otras palabras, es un fenómeno según el cual estructuras ancestrales distintas que evolucionan independientemente pueden tener un resultado evolutivo semejante.

Un ejemplo de esto es la evolución del vuelo de los pterosaurios, las aves y los murciélagos. El profesor afirma que la convergencia puede ser demostrada en cualquier momento de la historia de la evolución, desde las primeras células hasta la aparición de los sistemas nerviosos. El académico inglés afirma que “ya que esto es así entonces, en principio, en planetas similares a la Tierra en donde la vida es posible la evolución no será tan distinta”. 

El autor precisa que sin duda no será el caso en todas partes, que está claro que “no todo planeta similar a la Tierra será poblado por humanoides”, pero que las plantas sofisticadas, por ejemplo, se asemejarán sin remedio a las flores. “No hay mil maneras de hacer una mosca”, añade, “si quieres nadar como un tiburón, sólo hay un par de formas de hacerlo”.

Uno de los pilares de su libro es su voluntad de sacudir a la gente y hacer estallar su curiosidad. “La idea es llevar al lector a entender que es posible que las cosas que consideramos esenciales, por ejemplo la sofisticación cognitiva, la inteligencia, la capacidad de crear utensilios, todo eso también es convergente”. 

Y no sólo esto, sino que hay que tener en cuenta que “muchos de los sistemas solares de los cuales tenemos conocimiento hoy en día son preexistentes al nuestro y nos llevan cientos de millones de años de ‘ventaja’”, 

Al tratar la famosa paradoja de Enrico Fermi quien se preguntaba (de manera bien antropocéntrica) por qué, si los aliens existen, no han establecido contacto con los humanos, Conway Morris confiesa que en el último capítulo hace alusión al tema añadiéndole algo de diversión a este problema. Y asegura que en el momento en que Fermi formuló su pregunta, la exploración del espacio exterior era muchísimo menor, tanto que no podía ni sospecharse la cantidad de planetas con rasgos comunes con la tierra que serían descubiertos.

Para terminar de despertar la curiosidad de los lectores, Conway Morris menciona controvertidas teorías. “No deberíamos estar solos, pero hasta donde sabemos, lo estamos”, dice. “Quizá los aliens se escondan, como lo sugirió Arthur C Clarke, o tal vez, como lo insinuó Stephen Baxter, vivamos en un mundo virtual”. 
“Honestamente no lo sé. Mi sospecha es que no hemos sino comenzado a investigar la superficie de la realidad; y digo ‘realidad’ a falta de una palabra mejor”, precisa el académico.

Y es que por descabellado que suene, la búsqueda de vida en otros planetas nunca ha sido tan intensa. Recientemente la Nasa se lanzó en una nueva misión: reunir a científicos de todos los campos para intentarlo. El proyecto se llama NExSS y planea entender a través del trabajo interdisciplinario cómo puede ser viable la vida extraterrestre.

El famoso robot espacial Philae y la sonda Rosetta, que estudian el cometa Tchouri, también están dando de qué hablar. Habrían identificado indicios de vida extraterrestre, pero al no estar lo suficientemente equipados no se ha podido profundizar la búsqueda. 

Y en abril, la jefa científica de la Nasa, Ellen Stofan, manifestó que dentro de una década se tendrían fuertes indicios de vida más allá de la Tierra, y que piensan tener evidencias definitivas en unos veinte o treinta años.
Fuente: www.semana.com

CIENTÍFICO ENCUENTRA EL ELIXIR DE LA VIDA ETERNA



¿Adónde vamos cuando morimos? 


Y, sobre todo, ¿no podríamos quedarnos un rato más? Si pudiéramos elegir, la mayoría de nosotros querría vivir hasta loscien años, aunque tuviéramos que soplar las velas del pastel con la ayuda de un ventilador. Pero, ¿qué estaríamos dispuestos a hacer para conseguirlo?

El doctor Anatoli Brouchkov, jefe del departamento de Geocriogenia de la Universidad Estatal de Moscú, descubrió en 2009 una bacteria que vive hace 3'5 millones de años en las capas heladas del Yakut, en tierras siberianas, que podría explicar las altas tasas de longevidad de los habitantes de la zona y, ni corto ni perezoso, decidió inoculársela para probar su efectividad. Dos años más tarde -proclamaba orgulloso- seguía sin resfriarse, aunque la manera en que opera en su organismo esta bacteria ‘eterna’, conocida como 'Bactillus F', sigue siendo un misterio: “De momento solo podemos medir el impacto, pero cuando entendamos qué genes han permitido su supervivencia, estaremos más cerca de alargar nuestra esperanza de vida indefinidamente”, señaló a 'The Siberian Times'.
Antes de testar los efectos de la llamada bacteria ‘eterna’ en sí mismo,Brouchkov y el equipo dirigido por el epidemiólogo Viktor Chernayavsky lo probaron en ratas de laboratorio con un resultado sorprendente: Incluso las más ancianas recuperaban su capacidad reproductiva. Y si a esto le sumamos que el sexo, según los científicos, alarga la vida, todo hace prever que estas marchosas cobayas alcanzarán su parcela de inmortalidad.



En esta misma estepa siberiana, en las montañas de Mammoth, en la República de Sakha, dos hermanos encontraron un extraño cachorro prehistórico momificado que fue bautizado como ‘Turmat Dog’. Tras ser examinado por los científicos, concluyeron que a pesar de los 12.400 años que llevaba sepultado en el hielo, conservaba perfectamente el pelo, los dientes e incluso los alimentos que había comido escasas horas antes de su muerte. ¿Podría ser la zona de permafrost de Siberia el lugar donde se encuentre el elixir de la vida eterna?
La carrera por la longevidad


Para Walt Disney la eternidad es un lugar en el que hace mucho frío y para el padre de la psicodelia, Timothy Leary, una forma de consciencia con viaje interestelar incluido. Cada cual escoge su camino en la carrera por la inmortalidad, desde la criogenia, o preservación del propio cuerpo una vez muerto a bajísimas temperaturas, a la posibilidad de extender nuestra vida mental y recuerdos almacenados en computadoras o incluso en robots antropomorfos.

“El cachorro momificado tenía 12.400 años y conservaba dientes, pelo e incluso los últimos alimentos que había comido antes de morir“

No obstante, hay otros medios 'low cost' no ya para no vivir eternamente, sino para estirar la esperanza de vida hasta que otros te consideren inmortal. Por ejemplo, mudarse a una de las llamadas ‘zonas azules’ del planeta. Según un estudio publicado por 'National Geographic' en colaboración con expertos demógrafos, en lugares como Okinawa en Japón, Loma Linda en California en los Estados Unidos, Vilcabamba en Ecuador, Ikaria en Grecia o Nicoya en Costa Rica habitan las personas más longevas del planeta. Las razones son tan sencillas y asumibles que tras leer este artículo habrás sumado diez años de vida: tener hábitos saludables, ser sociable y disfrutar el presente.

Y si no es así siempre podrás decir aquello de “soy inmortal hasta que la muerte demuestre lo contrario”.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

CIENTÍFICOS CONSIDERAN A LOS PULPOS EXTRATERRESTRES ¡ENTÉRATE PORQUE!


Un equipo internacional de científicos han secuenciado el genoma del pulpo de dos manchas de California (Octopus bimaculoides) y aseguraron que tiene “características genómicas únicas”.

Los especialistas, integrantes de la Universidad de Chicago, la Universidad de California en Berkeley (EE UU) y el Instituto de Okinawa de Ciencia y Tecnología (Japón), lograron secuenciar completamente por primera vez a un cefalópodo.

Entre los resultados, que fueron publicados en la revista Nature, se destacó que "el pulpo parece ser completamente diferente de todos los demás animales, incluso de otros moluscos, con sus ocho brazos, su gran cerebro y su capacidad de resolución de problemas inteligentes"

Clifton Ragsdale, coautor del estudio y profesor asociado en los departamentos de Neurobiología y Biología de Organismos y Anatomía de la Universidad de Chicago, sostuvo: "El zoólogo británico Martin Wells dijo que el pulpo es un alien. En este sentido, nuestro trabajo describe el primer genoma secuenciado de un alien".

El primer análisis del genoma completo de un pulpo revela características genómicas únicas que probablemente desempeñan un papel clave en la evolución de rasgos como su capacidad de camuflaje adaptativo y su sistema nervioso complejo.

Los investigadores calculan que el genoma del Octopus bimaculoides tiene unos 2.700 millones de pares de bases y más de 33.000 genes codificadores de proteínas; es por tanto un poco más pequeño en tamaño que el genoma humano pero tiene más genes. Para analizarlo, cada par de bases fue secuenciada 60 veces.
FUENTE: www.perfil.com